LA LEYENDA DE LA PIEDRA NEGRA (2ª )

-¡AAAHHH! – Chilló histérica, arrodillada sobre el suelo, intentando acallar aquellas voces de ultratumba que la estaban atormentando mientras se tapaba los oídos con ambas manos.

Misteriosamente aquel método funcionó, las espectrales y lúgubres voces desaparecieron con la misma rapidez que habían sojuzgado a su frágil equilibrio. Se incorporó lentamente, sin prestar apenas atención a sus rodillas que sangraban copiosamente a través de múltiples cortes. Se acercó hacia el espejo con la respiración entrecortada. Abrió el grifo del lavabo observando hipnotizada como fluía el agua a través de un débil hilillo. Levantó la mirada con la finalidad de observar su deplorable estado, con la peregrina idea de que al ver su propio rostro, todas las cosas volverían a la normalidad. Pero no fue su imagen la que este le devolvió, sino la de una enigmática mujer de piel blanca y cabellos oscuros que la llamaba por su nombre. Aquella voz le resultaba familiar no podía ver sus rasgos  faciales con claridad. Los límites de la realidad parecían difusos distorsionados, el espejo se asemejaba más a una ventana hacia otra dimensión

-¡Sara ayúdame Sara! – Le suplicó aquella mujer atormentada -¡Ayúdame Sara!- Volvió a implorar entre nieblas. La desconocida iba vestida con un vestido negro que parecía flotar ingrávido en el aire al igual que sus cabellos.

-¿Quien eres? ¿Qué  quie… quieres de mí? – Preguntó con voz entrecortada por el pánico, que esta le infundía. Al mismo tiempo Sara se fue alejando del espejo sin dejar de mirar fijamente aquella insólita aparición.

Justo en aquel momento la joven se despertó bruscamente de aquel sueño. Paralizada por el horror tardó unos segundos en reorganizar su mente. Estaba sobre la cama de su dormitorio, su corazón le latía vertiginosamente.

Llevaba un camisón blanco y sencillo, estaba empapada en sudor de forma que en algunas zonas de su cuerpo la fina tela se le había adherido dejando translucir sus curvas y su atractiva piel canela. Poco a poco se fue serenando paulatinamente… Se repitió mentalmente que sólo había sido un sueño. Deslizo una de sus manos acariciando la suave sabana de color azul marino. El frescor y el perfume que esta emanaba la distendieron levemente. Inspiró profundamente varias veces.

En aquel momento sonó el teléfono.

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