La leyenda de la piedra negra (6ª parte)

La leyenda de la piedra negra (6ª parte)

– Los que tienen la mala suerte de cruzarse en mi camino, me conocen como
el señor de lo sueños. Sin embargo yo fui un día, un simple mortal como tú. Mi vida era fácil, holgada era el primogénito de una familia acomodada. – Comenzó a narrar el desconocido. Sus ojos miraban más allá, como si pudieran contemplar un mundo, que ya sólo moraba en realidad, en sus recónditos recuerdos.
El clima era tenso, todos observaban guardando un silencio casi reverencial el nuevo desenlace de los acontecimientos. Dos jóvenes de mediana estatura se acercaron con cautela, eran bellas de rasgos proporcionados sus pieles brillaban tenuemente bajo sus ligeras túnicas blancas, poseían andares felinos. Sus cuerpos parecían haber sido untados, con aceites de suaves matices dorados. Llevaban dos copas de cristal, permanecieron sigilosas a unos escasos metros. Sara las miró interrogante, percibiendo al hacerlo, como ellas se hacían secretas confidencias de manera furtiva.
 –Todo lo que yo deseaba lo conseguía. Un aciago día fui demasiado osado en mis pretensiones. Robé un libro mágico, de los aposentos de mi padre, uno de los más renombrados magos de aquellos tiempos. Posteriormente fui creando mis propios conjuros, jugando con la vida y la muerte. Con el espacio y el tiempo. Aquella nueva afición se convirtió en un hábito para mí. Reconozco que alguna vez erré en mis cálculos.- Reanudó  su discurso exaltado tras una breve pausa, sus ojos brillaban con pasión. Sara seguía con atención cada palabra que brotaba de sus labios. Su corazón le latía cada vez más rápido. Hacía unos instantes, había desechado que dicha experiencia fuera un sueño. Quería escapar de allí, huir.  ¿Pero cómo?
Ajeno a los pensamientos de su silenciosa invitada continuó con su discurso. – A los oídos  de mi padre llegaron rumores de gentes envidiosas. En una ocasión, sus dudas se convirtieron en certezas. No valieron los ruegos, no sirvió de nada que yo fuera su hijo. Poseído por una ira vehemente me condenó.
– ¿Sólo por robar un libro de magia?- Indagó Sara, cuando el desconocido volvió a depositar su dulce mirada sobre ella. Ya no parecía el mismo hombre, ahora se mostraba abatido, atormentado por el sufrimiento.
-¿Sólo por robar un libro? No, no creo que fuera por aquella nimiedad.- Comentó con una triste ironía, dejando el ambiente enrarecido de incertidumbre.
El pánico inicial que Sara había sentido fue metamorfoseándose a su pesar, hacia otros derroteros. – Estoy condenado, atrapado dentro de esa maldita piedra negra. Cada cierto tiempo, cuando se dan unas determinadas conjunciones planetarias… La piedra emerge a la realidad, deteniendo su sombrío peregrinaje. En ese momento quedo libre y se me otorga  el poder de conceder tres deseos.
-¿Y toda esta gente que te acompaña? – Resaltó Sara, mientras contemplaba inquieta aquella multitud que permanecía vigilante. Él guardó silencio, Sara le sostuvo la mirada impaciente. Al cabo de unos segundos, los generosos labios de aquel desconocido, se convirtieron en el segundo foco de su atención. De manera fugaz cierta complicidad comenzó a fraguarse entre los dos
-¡Que curiosa eres!  Estas abusando de mi primer deseo. – Susurró el desconocido recobrando su original sonrisa. Aceptó una pequeña fuente plateada rebosante de uva negra, de las manos de una de las bailarinas, para ofrecérsela casi al instante  a su invitada…
© 2012 Edelweiss De Aran
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