La leyenda de la piedra negra (9ª parte)


De súbito un breve pensamiento ensombreció la actitud de la joven
-¿Por qué me has traído hasta aquí?- Preguntó inquieta
-Quería hablar contigo…. – Le aclaró lacónicamente
-Yo en cambio, preferiría seguir amándote – Objetó Sara con picardía, depositando un lento y generoso beso sobre sus labios. Este es un lugar idóneo para ello – Agregó de forma seductora.
-Ahora no…. Pero cuando se acabe el tiempo estipulado, te arrepentirás de no haber aprovechado tu oportunidad. – Le advirtió el señor de los sueños mientras le acariciaba unos mechones de su rebelde cabello.
El agradable entorno que los había acogido comenzó a perder corporeidad retornando a su anterior aspecto. Los dos volvían a estar de nuevo dentro de la gran sala.
-¡No otra vez no! – Bramaban algunos hombres y mujeres desesperados… Al comprobar que su apariencia física comenzaba a difuminarse en el aire. Siendo arrastrados hacia el centro de la piedra negra de forma ineluctable. Como si esta en verdad, fuera un curioso y singular vórtice.
Sara se sintió mareada, antes sus ojos la gente se transformaba en meros jirones de energía. Vio caras desconocidas transfiguradas por el horror gritando, otros en cambio aceptaban su sino en silencio resignados.
Aquella situación era injusta, nadie merecía semejante castigo…Pensó Sara
Un ligero temblor sacudió su cuerpo Tenía miedo de verse doblegada hacia ese triste final. No era lo que ella se había imaginado… El corazón le latía desenfrenado. Su rostro estaba lívido por el horror. Consciente de su situación intentó serenarse para superar la adversidad… No podía repetir ningún deseo anterior, debía de ser original, decir algo que nadie hubiera anhelado antes.
<> Pensó vertiginosamente, descartando aquella idea al instante. No podía traicionarse a si misma, ya que lo amaba… Además decenas de hombres y mujeres ya habrían proferido dicho deseo en el pasado. La piedra negra cumplía sigilosamente su labor de manera implacable en un segundo plano. El 80% de los que anteriormente habían abarrotado la sala ya no estaban.
-¿Lo sabes ya?- Indagó con preocupación el señor de los sueños. – ¡Ya no queda tiempo! – Exclamó angustiando en un punto más álgido a su compañera.
Una luz comenzó a dibujarse en su mente. Recordó las palabras de aquella niña “Su punto débil….”
Miró de nuevo a su alrededor. Perpleja comprobó que solamente quedaban ellos.
El señor de los sueños la abrazó con dulzura. Una honda tristeza se reflejaba en su semblante conciente de lo que iba a ocurrir. El cuerpo de él comenzó a desvanecerse ante sus ojos. Sin embargo algo brotó de sus labios, palabras que resultaron inextricables a sus oídos.
-¡No! – Gritó desesperada al ver el terrible trance en el que se hallaba su amado. – ¡No! – Volvió a gritar llorando entrecortadamente, cayendo al suelo impotente y desmadejada como una muñeca rota.
A pesar de todo la luz del raciocinio pugnaba por abrirse paso a través
de su mente atormentada.
-¡Ya sé cual es mi deseo! – Gritó hacia la estancia vacía mientras se incorporaba.
-¿En serio? ¿Y cuál es tu anhelo más profundo? Pobre mortal…. – Repuso una voz de ultratumba.
Sara contempló con osadía a la sombra negra que se iba proyectando sobre su cuerpo envolviéndola. Reclamándola como un animal depredador acecha a su presa ante otros rivales. No obstante hubo un momento durante el cual el ente oscuro aflojó parcialmente la presión ejercida sobre su cuerpo…

© 2012 D.Edelweiss

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